«Embriogénesis Estética» Reflexión de Eva Magallanes sobre la obra de Pere Ribera.
Embriogénesis Estética.
Sobre tela, sobre tabla o sobre madera, la Obra de Pere Ribera posee la facultad de fundar un mundo, condición ésta, inherente a la creación artística que se despoja de cánones y se concentra y hurga en sus propias esencias, ajena a todo lo que no sea ella misma, abierta a la experimentación y a la subversión de las categorías plásticas. Es así como, estas creaciones representan la convergencia de la pintura y la escultura al mismo tiempo que prodigan un efecto visual también gráfico. Las tres manifestaciones de la Plástica en un juego estético ornamental que remite tanto al resultado de un orfebre -una joya decorativa y de oficioso diseño- como a un ser biológico y palpitante. Quizás en ello radica el acierto de este artista: desarticular deslindes entre lo vivo y lo inerte, entre el plano y el volumen, entre lo pictórico y lo esquemático. Estas mixturas instalan un cosmos que se acerca a lo inédito en tanto nos estremece desde lo indescifrable, como tal, dueño de una ambigüedad sugerente y provocativa que hace deambular la percepción desde intuidos submundos microscópicos, hasta latentes nomenclaturas espaciales; desde portentosos fondos submarinos hasta adivinados enclaves extraterrestres, desde la realidad aparecida en el sueño hasta la revelación de lo soñado en lo real.
Se trata entonces, de pinturas con volumen, es decir: anti-pinturas. La negación del plano mediante el sobrerelieve. El motivo es entonces objeto adicionado a la superficie -o mágicamente encontrado en ella- materia transfigurada en cuerpo y peso: bulto y corpulencia táctil que se suma a lo visual.
Como si se hubiesen extraído fragmentos germinales de la naturaleza, lo animal, lo vegetal, lo mineral; se produce esta bella aberración innombrable: no podemos pronunciar una única palabra para designarle; se trata de un ente inclasificable y a la vez dadivoso en sensaciones y pródigo en referencias que intentan capturarlo: huesos y articulaciones, ensambles orgánicos y metálicos, caparazones, cornamentas y anilladas simientes petrificadas, insectos fósiles y caracolas; mares, serpientes y aguijones. Siempre prevalece esa impronta de cáscara, un envoltorio duro que permite imaginar un interior de líquidos bullentes y primeras viscosidades.
El método, la o las técnicas empleadas para la confección de las obras, no son detalles menores en la creación de Ribera, por el contrario; la alquimia, la «cocinería», ese trabajo íntimo y en solitario -el procedimiento- no sólo configura la vitalidad del resultado si no que le otorga profundo sentido y trascendencia: allí se amalgaman los elementos -como en el caldero del brujo-. Pere literalmente amasa su Obra: sobre una base acrílica, con látex sintético y pigmentos de tierras minerales arma una masa sobre la cual trabaja relieves y volúmenes. Seca esta materia aplica óleo, colores, luces y sombras para posteriormente barnizarlo. Hay aquí un hermoso trabajo artesanal que tiene sus etapas, sus ritmos y sus pausas y que nos remite al antiguo oficio, ese donde el artista no sólo aplica materiales si no que los prepara, los amansa, los conoce y busca en ellos la materialidad que en si mismo prefigura.
Estas creaciones parecen beber de diversas fuentes expresivas cruzando épocas y estilos: primitivas y hieráticas como ídolos atávicos a la vez que muy contemporáneas en lo ecléctico y decorativo, abstractas en su esencia pero estéticamente figurativas, románicas en su intensa y pregnante iconografía a la vez que barrocas en la supremacía dinámica de curvas, espirales y sinuosidades.
Todo ello se confabula para hacer surgir un signo, cuya potente impronta deviene en símbolo morador del subconciente y de sus arquetipos -cual espejo de todos los reinos y sus seres-. Imágenes cerradas y encerradas en si mismas que bien pudiesen ser piezas de una heráldica emblemática como si fuesen sellos guardianes de algún fundamental secreto, escondidas aldabas que, sabiendo sus claves, girarán para darnos acceso.
El color acompaña a la forma en tonalidades y contrastes atípicos que contribuyen grandemente a su elegancia y a esa atmósfera inexpugnable que nos convoca.
Cuales organismos en desarrollo perpetuo, fijos en lo indiferenciado, estos seres nos regalan una primordial y totémica geometría, unitiva de lo viviente, allí, en la belleza de todo comienzo.
Eva Magallanes
Licenciada en Estética, Teoría e Historia del Arte
Universidad de Chile.
Santiago, junio, 2011
http://www.lacalarealidadyficcion.blogspot.com